La FIFA se encuentra en el centro de una nueva polémica luego de presentar un proyecto que busca reorganizar la gestión comercial de la Copa del Mundo y otros torneos internacionales mediante la creación de una nueva empresa. La iniciativa, impulsada por el presidente Gianni Infantino, ha provocado un amplio rechazo entre las principales organizaciones del fútbol europeo.
El debate tomó mayor fuerza tras revelarse que uno de los inversionistas interesados en participar en la operación sería Joshua Kushner, fundador de la firma de inversión Thrive Capital. Kushner es hermano de Jared Kushner, empresario y esposo de Ivanka Trump, hija del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un vínculo familiar que ha generado aún más atención sobre el proyecto.
UEFA rechaza la iniciativa de la FIFA
La UEFA y las 55 federaciones que integran el organismo manifestaron su rechazo unánime a la propuesta. Consideran que permitir el ingreso de inversionistas privados en los derechos comerciales del Mundial podría comprometer la autonomía del fútbol y abrir la puerta a decisiones motivadas por intereses financieros.
En su posicionamiento, el organismo europeo dejó claro que la Copa del Mundo no debe convertirse en un activo de inversión y criticó que la FIFA avanzara con la propuesta sin un proceso de consulta con las principales instituciones del deporte.
El vínculo con la familia Trump
Aunque Joshua Kushner desarrolla su carrera empresarial de manera independiente, su parentesco con Jared Kushner ha colocado a la familia Trump en el centro de la conversación.
Thrive Capital figura entre los grupos financieros que analizan invertir en la nueva estructura comercial de la FIFA, una operación que contempla la venta de hasta un 20 % de una subsidiaria encargada de administrar los derechos comerciales del organismo, cuya valoración rondaría los 20,000 millones de dólares.
Preocupación por el futuro del fútbol
Las ligas europeas y otras organizaciones deportivas temen que la participación de fondos de inversión aumente la presión para organizar más competiciones, maximizar los ingresos comerciales y priorizar la rentabilidad económica por encima del desarrollo deportivo y el bienestar de jugadores y aficionados.
Mientras tanto, la FIFA insiste en que mantendrá el control sobre las decisiones deportivas, el calendario internacional y la gobernanza del fútbol. Sin embargo, la propuesta ya abrió un intenso debate sobre hasta dónde debe llegar la participación del capital privado en el deporte más popular del mundo.











